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Neurociencias, Vínculos e Infancia

El desarrollo inicial del cerebro humano tarda varios años en completarse y existen numerosos estudios que confirman que este proceso dependerá de la calidad de vínculos afectivos sostenidos durante los primeros años de vida. Este acontecimiento permite la sinapsis y la estabilización de redes neuronales. (Evania Reichert, Wilhelm Reich)

Cuando el proceso sináptico se refuerza, las conexiones neuronales se estabilizan y perduran. Si estas mismas conexiones no se usan con frecuencia, son eliminadas. A esto le llamamos, Poda Sináptica.

“El niño/a al momento de establecer un buen vínculo con el adulto/a, vivenciará la experiencia de bienestar y placer, lo que dará paso a la liberación de neurotransmisores que estimulan aquella sinapsis.” Shore, 2000.

Con esto podemos entender que el estado emocional de nuestra infancia es fundamental para el funcionamiento del cerebro y todas sus funciones.

Las caricias y el contacto físico juegan un papel transcendente, ya que ellas van directo al cerebro, específicamente al núcleo de Accumbens, lugar donde se producen altas cantidades de Dopamina y Serotonina.

Las explosiones y su magia.

La tan nombrada Dopamina, es un neurotransmisor que se activa cuando se experimentan estímulos motivadores y placenteros, favoreciendo la atención, la acción motora, la creatividad, el descubrimiento, y mucho más. La Serotonina tiene como labor regular el estado de ánimo, el comportamiento social, la memoria, los niveles de ansiedad, el apetito, etc.

Los caminos realizados a nivel cerebral de ambos neurotransmisores, colaboran entre si para un equilibrio emocional, una conducta motivada y un comportamiento organizado. Se convierten en un dúo de químicos naturales que permiten que seamos felices. No debemos olvidar que una activación importante de ellos depende del apego y vínculo con nuestros niños y niñas.

¡Por eso el amor importa!

Existe una sustancia llamada Cortisol, quien se libera en grandes cantidades cuando vivenciamos experiencias traumáticas y/o estresantes. Esta hormona es altamente dañina para las neuronas, ya que destruye las membranas celulares y la densidad de la sinapsis, afectando el desarrollo motor, cognitivo y social. Junto con esto, afectan a la amigdala cerebral, impidiendo la regulación de la ira y el miedo.

Por ello, la necesaria re-significación de nuestras prácticas hacia nuestra infancia, para dar paso a vínculos amorosos y respetuosos para sostener una educación del y para el corazón, para despertar el alma. Amar lo que se hace, permite generar vínculos con la misma cualidad, así ellos y ellas perciben esa manera de sentir/hacer y crear en el mundo. Cuando estamos muy cerca del otro/a comprendemos aún más nuestra naturaleza interna.

¿Cómo podemos colaborar en la producción de estos Neurotransmisores?

  • Por medio de una alimentación saludable. Los alimentos ricos en Tirosina y Triptófano tales como semillas, frutos secos, legumbres, cereales integrales y frutas son precursores de la síntesis de Dopamina y Serotonina.
  • En situaciones de estrés, donde el niño/a se enfrenta a emociones adversas, evaluar la disponibilidad que estamos brindando.
  • Utilizar un lenguaje de seguridad versus un lenguaje que condena. Ejemplos: Hazlo con cuidado, Agárrate fuerte, Si necesitas ayuda, me avisas. En vez de, “Te vas a caer”.
  • Nutrirnos constantemente como adultos y adultas en relación a nuestras habilidades “blandas”, mejor llamadas Interpersonales.
  • Usar la fuerza indestructible de la ternura, desde la suavidad de las caricias, la magia de la mirada, la dulzura de la voz, el arte de escuchar.
  • La intencionalidad de nuestra labor ya sea como educadoras, madres, tías y/o cuidadoras debe llevar siempre el arte de lo afectivo.

Peggysue.S.S

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