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La práctica del yoga y su efecto en la concentración de los niños

Para un niño del siglo XXI, concentrarse en un solo pensamiento o actividad resulta difícil, por no decir imposible. El mundo en el que vivimos, lleno de estímulos de todo tipo, nos mantiene saltando de un lugar a otro sin cesar. Los más pequeños de casa, cuyas mentes están en pleno desarrollo, son un tanto más vulnerables a estas distracciones.

Una saludable herramienta para ayudarlos a concentrarse, sin frustrar sus inquietudes y curiosidades, es la práctica del yoga.

Nuestras vidas transcurren a toda velocidad y nos hemos acostumbrado a un ritmo acelerado que deja poco espacio para el cuidado de la mente y del cuerpo.

La información que nos rodea estimula nuestros sentidos 24/7 y es normal sentir que la cabeza se sobrecarga. Si bien la niñez es el momento ideal para recibir y procesar muchas cantidades de nueva información, el terreno donde esas semillas serán sembradas debe ser el más adecuado; de lo contrario el cultivo del pensamiento se ve afectado. La práctica del yoga en los niños colabora en la preparación de ese terreno, y a través de uno de sus beneficios, la concentración, ese cultivo se da en mejores condiciones.

Cada familia puede decidir incluir el yoga en sus estilos de vida, pero ¿qué pasa con las escuelas? Uno de los espacios donde se requiere más concentración es en el salón de clases. Si bien existen numerosas actividades, tanto en la escuela como de carácter extracurricular, destinadas al desarrollo físico e intelectual de los niños, la práctica del yoga en el aula puede ser la clave de un mejor desempeño.

La escolaridad que conocemos en la que los niños reciben clases sentados en sus escritorios, para luego hacer deberes en sus casas, puede llegar a ser muy estresante. Esforzarse por mantenerse quieto en clases y luego organizarse para llevar las tareas al día se dice “fácil” para un adulto que ya ha pasado por eso, pero no para un niño. Incluir algunos minutos de yoga en el horario regular del aula puede ayudar a disminuir los tempranos y perjudiciales efectos del estrés, tal y como señala la experimentada profesora de yoga Nayali Nateras, del Instituto Mexicano de Yoga.

Estudios realizados por los profesores Edward Mcauley y Neha Gothe, de la Universidad de Illinois, revelan que 20 minutos de yoga tienen efectos inmediatos en las zonas del cerebro vinculadas a la habilidad de mantener la concentración, así como de recibir, retener y usar nueva información.

Por otro lado, la ONG Bent On Learning, dedicada a llevar el yoga a escuelas públicas de Nueva York, ha recopilado datos sobre los cambios de actitud positivos hacia los compañeros y hacia sí mismos, en un 88% de los niños.

En definitiva, que una práctica cuyas bases están en la conciencia del momento presente, del aquí y el ahora, sea incluida en las actividades regulares de las escuelas, es una herramienta muy útil en el mejor desarrollo de alumnos y docentes, quienes practicando en su espacio compartido pueden alcanzar juntos más y mejores resultados.

Proveer a los niños con herramientas para sosegarse y flexibilizar tanto sus mentes como sus cuerpos es una manera de prepararlos, no solo en el salón de clases, sino para la vida que más tarde tendrán por su cuenta. Es una manera de colaborar en la formación de seres humanos más capaces de habitar un mundo tan variado y tan agitado como el nuestro.

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