Había una vez, en un lejano desierto, una joven camella llamada Cammy. Cammy era diferente de todos los demás camellos del desierto, era pequeña y no tan fuerte como los demás camellos. Pero tenía un gran corazón y un gran sueño.
El sueño de Cammy era poder hacer algún día el largo y traicionero viaje a través del desierto con los otros camellos, llevando importantes mercancías y suministros a los pueblos y ciudades lejanos. Sabía que haría falta mucha fuerza y determinación para hacer ese viaje, así que se dispuso a entrenarse y prepararse.
Todos los días, Cammy practicaba la postura del camello, estirando y fortaleciendo la espalda y las piernas. Practicaba horas y horas, decidida a hacer realidad su sueño.
A medida que pasaban los días, Cammy se hacía cada vez más fuerte y sus músculos crecían más y más. Por fin estaba lista para el viaje.
Por fin llegó el día en que los camellos emprendieron el viaje, y Cammy estaba encantada de participar. Estaba decidida a demostrar que, aunque era pequeña, tenía la fuerza y la determinación necesarias para hacer el viaje igual que los demás camellos.
El viaje fue largo y duro, pero Cammy nunca se rindió. Siguió practicando la postura del camello, haciendo pausas para descansar y repostar, y antes de que se diera cuenta, habían llegado al final del viaje.
La gente de los pueblos y ciudades lejanos se asombraba de ver a un camello tan pequeño llevando una carga tan grande. Nunca habían visto nada igual. Cammy había demostrado que, con trabajo duro y determinación, todo es posible.
A partir de ese día, Cammy fue conocida como la camella más fuerte y decidida del desierto, y todos los demás camellos la admiraban como modelo a seguir. Y todos los niños que escucharon su historia se sintieron motivados para hacer la pose del camello, igual que Cammy.