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¡Soy un animal! Posturas de animales para niños y sus beneficios

La nobleza del yoga se extiende a la manera en la que nos vincularnos con su práctica. Para los niños, esta disciplina se puede despojar de las expectativas que tenemos los adultos y se puede convertir en un juego. Pero, ¡atención adultos!, no confundirse, cuando hablamos de un juego significa que los más pequeños se lo tomarán muy en serio.


Cuando los chicos se disponen a jugar, asumen un nivel de compromiso y de concentración del que los adultos podemos aprender mucho. Hay una fase previa de acuerdo, se decide quién jugará a ser qué, y cada niño lo lleva con responsabilidad a lo largo de todo el juego. El yoga visto como una recreación permite a los pequeños involucrarse en un contexto familiar, que significará un nivel de compromiso mayor.


La niñez es una etapa de imitación, y esta es una herramienta muy útil para el aprendizaje. Antes de que se nos enseñen los fundamentos gramaticales y sintácticos de nuestra lengua materna, aprendemos a comunicarnos imitando a quienes nos rodean.


La mímica del lenguaje nos acerca a esas primeras formas de comunicación.




Cuando se propone a los niños iniciar la práctica del yoga, una manera divertida y efectiva de mantenerlos interesados es con la mímesis de las posturas de animales. Jugar a ser animales, con la seriedad de que ya sabemos que esto conlleva, les permite aprovechar al máximo todos los beneficios de las posturas.


La postura del gato flexibiliza la espalda y libera tensiones, imitar a la cobra ayuda a la movilidad de la espina dorsal; la respiración del león nos mantiene alertas y oxigenados; jugar a ser un águila agudiza nuestro equilibrio y alivia las articulaciones. Cada animal posee una fortaleza en particular, practicar estas posturas ayuda a asimilarlas y aprovechar todos sus beneficios. De igual manera, pone a los niños en sintonía con nuestra propia relación en la naturaleza. Celebramos al mundo animal que nos rodea llevando a cabo figuras que hacen honor a esas nobles existencias.


Lo más divertido de las posturas que imitan a los animales es que la práctica puede tener una narrativa. Imaginar una sencilla historia que sea el hilo conductor de la serie de ejercicios ayuda a que los niños se mantengan concentrados. Puede ser un paseo por el bosque, una visita al safari, una fiesta. ¡Todo es posible! Jugar a ser animales es un ejercicio que despierta todos los sentidos, así que los sonidos también son bienvenidos en la práctica. Cuando saltes como una rana, ¡croa! Si te estiras como un gato, maúlla de alegría. La respiración del león es tanto más efectiva si, cuando dejas salir el aire por tu boca, se escucha como un fuerte rugido del rey de la selva.


El fin del yoga es encontrar bienestar, del cuerpo y de la mente. Por esto no hay que perder de vista que la imitación de las figuras animales no se trata únicamente de repetir posturas, sino que en cada una de ellas los más pequeños se acerquen a una conciencia de su cuerpo y de su entorno, adquiriendo así herramientas que les permitan vivir de manera más sana y feliz. ¡Juguemos, entonces, a ser animales!


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